Si contenemos la rabia, cuando a nuestro alrededor todo es caótico, no conseguiremos ser libres… ese sentimiento de impotencia, nos
atenaza, nos bloquea, nos paraliza y es cuando sentimos el miedo…
El miedo, nos llena de sospechas, de desconfianzas y
desasosiego. Todo acaba siendo incoherente e inconexo. Y es entonces cuando
aparece la ira…
La ira, es energía.
Tendremos que reconducirla, transfórmala,
conmútala. Toda energía enfocada y despierta, hace grandes a quien logran hacerla
suya.
El camino a la libertad,
es a veces tenebroso, pero eso no es motivo para abandonar nuestras esperanzas,
nuestros sueños…
La libertad, antes, ahora
y siempre, será un bastión difícil de alcanzar. Puesto que cada vez que rozamos con los dedos su suave trascendencia,
esta, esquiva y liviana tiende a evaporarse, por la insistencia amarga de otras
voluntades deshonestas y corruptas.
La libertad que implica a
muchas voluntades, es la fuerza que descompone la trama del caos. Si somos muchas, capaces de entendernos
y de crear armonía, no hay fuerza externa por poderosa que esta sea, que
dinamite la marea de anhelos.
Si la causa es justa, si
la justicia tiene cuerpo y la voluntad es soberana, tenemos el destino
de nuestra parte. Hagamos posible la máxima de Esopo: La unión, hace la fuerza…
y por añadidura, unidos, nos
mantendremos en pie; divididos, caeremos…
Pero eso sí, con diálogo,
con firmeza, si hace falta poniendo la otra mejilla, pero nunca con violencia,
esta es la última forma de actuar sino nos peligra la vida.
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