martes, 20 de marzo de 2012

Divididos, caeremos…


Si  contenemos la rabia, cuando a nuestro  alrededor todo es caótico, no conseguiremos  ser libres… ese sentimiento de impotencia, nos atenaza, nos bloquea, nos paraliza y es cuando sentimos  el miedo…
El miedo,  nos llena de sospechas, de desconfianzas y desasosiego. Todo acaba siendo incoherente e inconexo. Y es entonces cuando aparece la ira…
La ira, es energía. Tendremos que  reconducirla, transfórmala, conmútala. Toda energía enfocada y despierta, hace grandes a quien logran hacerla suya.

El camino a la libertad, es a veces tenebroso, pero eso no es motivo para abandonar nuestras esperanzas, nuestros sueños…
La libertad, antes, ahora y siempre, será un bastión difícil de alcanzar. Puesto que cada vez que  rozamos con los dedos su suave trascendencia, esta, esquiva y liviana tiende a evaporarse, por la insistencia amarga de otras voluntades deshonestas y corruptas.
La libertad que implica a muchas voluntades, es la fuerza que descompone la trama del  caos. Si somos muchas, capaces de entendernos y de crear armonía, no hay fuerza externa por poderosa que esta sea, que dinamite la marea de anhelos.

Si la causa es justa, si la justicia tiene cuerpo y la voluntad es soberana, tenemos  el  destino de nuestra parte. Hagamos posible la máxima de Esopo: La unión, hace la fuerza… y por añadidura,  unidos, nos mantendremos en pie; divididos, caeremos…

Pero eso sí, con diálogo, con firmeza, si hace falta poniendo la otra mejilla, pero nunca con violencia, esta es la última forma de actuar sino nos peligra la vida.

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